miércoles, 15 de julio de 2015






















GINKGO BILOBA 
El botánico alemán Engelbert Kaempfer (1651-1716) estaba en Japón trabajando para la compañía de las Indias Orientales cuando, en 1691, descubrió ejemplares de ginkgo vivos. Los describió en su obra Amoenitatum exoticarium, publicada en 1712. Más tarde llevó semillas de ginkgo a Holanda y en el jardín botánico de Utrecht se plantó uno de los primeros ginkgos de Europa, que todavía está allí.
Un año después del estallido de la bomba de Hiroshima, en la primavera de 1946, cerca de un kilómetro de distancia del epicentro de la explosión, un viejo Ginkgo destruido y seco empezó a brotar, mientras que un templo construido frente al mismo fue destruido por completo. Para Hiroshima se transformó en símbolo del renacimiento y objeto de veneración, por lo que se le llama "portador de esperanza".El árbol fue documentado y fotografiado como el ginkgo de la bomba atómica de Hosenbo en Hiroshima. Después del desastre se despertó la curiosidad en la ciencia médica por estudiar las propiedades curativas del Ginkgo biloba.
A los pies del ginkgo hay un cartel, que entre plegarias por la humanidad, pide: No más Hiroshima. Los hijos de este extraordinario árbol han cruzado los mares. En la actualidad habitan, como embajadores de la paz, en la ciudad de los rascacielos, a orillas del Sena, bajo la neblina londinense... Estos ciudadanos del mundo nos piden en silencio, con sus alegres hojas de abanico, como manos suplicantes, que aquella sinrazón no se repita nunca más y que aprendamos de esta especie, que lleva más de doscientos millones de años conviviendo pacíficamente sobre la Tierra.
El nombre de "árbol de los 40 escudos" se debe al precio que pagó un aficionado parisino a un horticultor inglés por la compra de cinco ginkgos al precio de 40 escudos cada uno

Originario de China. Puede llegar a vivir un milenio. Se ha usado con fines ornamentales desde hace miles de años. Puede florecer en diferentes climas del mundo sin embargo, crece principalmente en China y Corea, en el sur y el este de Estados Unidos, el sur de Francia (y en París también), en algunas ciudades de España como Barcelona  y en ciudades de Uruguay, Argentina y Chile.